Por: Marcio Sierra
Por siglos de siglos en Honduras la batalla contra el atraso se pierde y no hemos logrado cambiar los factores económicos, políticos, sociales e institucionales que persisten desde la etapa colonial, enfrentando una herencia que basa el desarrollo económico de la economía en la extracción de recursos naturales y la concentración de la riqueza, sin impulsar una base productiva diversificada ni un desarrollo sostenido del capital humano. Debido a esa perjudicial herencia se ha limitado la capacidad del país para construir instituciones sólidas y una economía competitiva.
Durante la época de la independencia la situación empeoró porque los conflictos internos y el predominio de intereses de familias terratenientes criollas, no contribuyeron a la consolidación de un Estado moderno. Por el contrario, predominaron intereses políticos particulares que favorecieron la consolidación de las oligarquías terratenientes que mantuvieron una hegemonía política hasta bien entrado el siglo XX. Tiempo durante el cual, se profundizó la dependencia de unos pocos productos de exportación, principalmente el banano y el café, causando que nuestra economía se volviese altamente vulnerable a las fluctuaciones de los mercados internacionales. Bajo este contexto, la influencia de intereses externos y la débil institucionalidad carente de una visión de país, limitó la posibilidad de construir e instaurar una estrategia nacional de desarrollo. Que, al día de hoy, no obstante, la toma del poder por los socialistas durante cuatro años del siglo XXI, de manera pacífica por la vía electoral, más bien agudizaron las condiciones de atraso heredadas. A lo largo del siglo XX, se produce la modernización del sistema económico capitalista, las oligarquías terratenientes son desplazadas del poder político y surgen nuevas condiciones de acumulación de capitales, debido a la instauración del ajuste estructural neoliberal, produciéndose una mayor concentración de capitales, principalmente financieros. Si bien, la modernización económica es impulsada con intensa gravitación, sus resultados en la economía, son insatisfactorios en relación con el progreso social, la pobreza aumenta y surgen estratos sociales con mayores niveles de pauperización. Al punto, que la polarización social aumenta y el rechazo a las nuevas formas de acumulación de capitales igualmente. La entrada al siglo XXI, encuentra a una Honduras con mayores grados de desigualdad social, de corrupción política y debilidad institucional, que favorecen la entrada al poder del socialismo. Sin embargo, con la llegada del socialismo refundacional al poder de Estado, el desarrollo nacional se empeora, el odio social se generaliza y las contradicciones políticas marcan el panorama político. Hoy por hoy, de nuevo se instaura una gobernanza democrática con el apoyo de una mayoría ciudadana que manifiesta el descontento con los socialistas, al hacerlos perder las elecciones en noviembre 2025, tras cuatro años en el poder. Actualmente, bajo la gobernanza democrática, nuestra sociedad enfrenta una baja inversión en educación, un bajo nivel de desarrollo científico, tecnológico e innovación. La concentración de capitales en su máxima expresión, sin una estructura productiva transformada, un desarrollo sin fortalecimiento económico ni industrialización efectiva y un crecimiento económico basado en actividades de bajo valor agregado.
Enfrentamos una situación económica con limitada productividad, reducida generación de empleo de calidad y una exagerada desigualdad social. O sea, una elevada pobreza, de desigualdad en la distribución del ingreso y el acceso desigual a oportunidades que están fortaleciendo el circulo vicioso del atraso en el que nos encontramos. Por lo tanto, la superación del atraso requiere una estrategia nacional basada en el fortalecimiento del Estado de derecho, la transparencia, la inversión sostenida en educación y salud, la modernización de la infraestructura, el impulso a la productividad agrícola e industrial, la innovación tecnológica y la creación de un entorno favorable para la inversión y el emprendimiento. Necesitamos instituciones eficaces, cohesión social y una visión de país compartida.