Retorno de JOH fortalece fe y la democracia en Honduras

Por: Ángela Sosa

¡Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores, unges mi cabeza con aceite y mi copa está rebosando! Salmos 23.5!

 

Para aquellas personas que irrespetaron el principio de presunción de inocencia del Expresidente Juan Orlando Hernández, condenándolo e irrespetando incluso a su familia, se les revirtió su tesis de odio, porque el retorno de JOH les da en la cara y los deja evidenciados en cuanto a la instrumentalización de la estructura de gobierno para levantar apologías de odio con fines políticos maquiavélicos característicos de la izquierda internacional y doméstica en Honduras.

 

Ningún hondureño puede desconocer que lo ocurrido, la detención, extradición, privación de libertad y condena del expresidente Juan Orlando Hernández produjo un profundo impacto político y emocional dentro del Partido Nacional de Honduras y de la ciudadanía en general, al generar entre una parte importante de su militancia la percepción de que había sido separado injustamente de las entrañas de su pueblo un hombre inocente. Esa percepción, lejos de debilitar su liderazgo, fortaleció el sentido de identidad y cohesión de uno de los partidos más grandes y organizados del país y a la víspera del retorno de JOH constituye un hecho de derecho sin precedentes en la historia de las Américas, en donde desde mi perspectiva la intervención divina no puede descartarse, porque todos sabemos que muchos inocentes mueren condenados, pero en este caso la situación se dio vuelta, para bien de quienes hemos creído en su inocencia, el Estado de Derecho, la institucionalidad, la democracia de un país y sobre todo en Dios y su justicia.

 

Por supuesto que tuvo que ser en un país como Estados Unidos de América de donde recibimos esta ejemplificante lección, puesto que para que el presidente Donald Trump haya decidido indultarle, debió tener pruebas fehacientes de su inocencia, y todas esas teorías de conspiración creadas por la izquierda radical internacional y doméstica quedan destruidas totalmente ante el retorno de un líder de la magnitud de Juan Orlando Hernández.

 

El retorno de Juan Orlando Hernández explica la reacción multitudinaria y el entusiasmo de quienes interpretan este momento como el regreso de un líder cuya ausencia nunca dejó de sentirse, gracias a la fe inquebrantable y gestión estratégica de su esposa Abg. Ana García de Hernández y su familia. Se les dio vuelta la tortilla, y de la forma más radical a los detractores de la democracia, ya que este proceso ha incrementado significativamente el caudal político del Partido Nacional, impulsado por el carisma y el afecto que muchos ciudadanos han desarrollado hacia quien consideran que fue sometido a una dura prueba personal y familiar.

 

Para una parte de la ciudadanía, este regreso representa el renacer de la esperanza y la posibilidad de abrir un nuevo capítulo para Honduras. Incluso, para muchos de sus simpatizantes, su figura ha adquirido un carácter casi mesiánico en el plano político, no por una condición sobrenatural, sino porque interpretan que la adversidad fortaleció su liderazgo y su vínculo con el pueblo. Como creyente, considero que la dimensión espiritual también forma parte de la forma en que muchas personas interpretan este desenlace, viendo en él una manifestación de la providencia divina. Más allá de las diferencias ideológicas, este episodio deja como legado una historia de resiliencia, fortaleza, solidaridad, perseverancia y fe que, sin duda, seguirá siendo objeto de análisis en la historia política contemporánea de Honduras.

 

Lamento mucho la poca o casi nada reacción estéril de los organismos de derechos humanos, que ante este caso no se pronunciaron como era debido, confirmando la percepción social de las mayorías de que no sirven para lo que deberían servir; y es que uno de los principios básicos del reconocimiento de los derechos humanos es el respeto a las garantías constitucionales de todo ciudadano, y pasó sin que pasara nada, producto de una institucionalidad fallida en el ramo, que con criterios de selección erróneos decidió callar ante la situación del Expresidente Juan Orlando Hernández y su familia.

 

 

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