Reclamo político de la base y gobernanza actual

Por: Marcio Sierra

La transición al gobierno de integración democrática que lograron las fuerzas sociales del Partido Nacional y del Partido Liberal al vencer por una gran mayoría al Partido Libre, expresión partidista del socialismo radical, supone que el vínculo entre la ciudadanía y las dirigencias políticas tiene que mejorar. Es decir que, bajo la gobernanza de integración democrática, las bases partidarias que le dieron el triunfo al Partido Nacional, tanto liberales como nacionalistas, por la gran movilización de votos que lograron, son las que mantienen viva la democracia en Honduras. Sin embargo, la ausencia de un enfoque claro de integración política democrática, está afectando las expectativas generadas durante la campaña electoral a las bases del Partido Nacional, porque dicha base política, no encuentra respuesta a sus expectativas. Ha surgido un reclamo recurrente en la base social nacionalista que, no necesariamente significa una ruptura con el proyecto político del presidente actual, como pretenden que ocurra la oligarquía melista, pero sí, la expresión de inconformidad coyuntural de un sector fuerte del nacionalismo, debido al mal manejo de la gestión política partidista entre promesas de empleabilidad y resultados obtenidos.

La gobernanza actual enfrenta precisamente ese desafío. Los ciudadanos nacionalistas esperan que el acceso al poder se traduzca primordialmente en mejoras concretas de empleo y, además, una mejor seguridad, eficiencia en la salud, calidad en la educación y la transparencia institucional. Si bien los arreglos políticos entre liberales y nacionalistas permitieron tomar la presidencia de la directiva del Congreso nacional a favor de Tomas Zambrano, el orgullo político de los funcionarios que integran el circulo de mando en el poder ejecutivo, los hace caer en una arrogancia miope que obstaculiza el desarrollo de la gobernanza que dirige el presidente Asfura. La cúpula política del poder ejecutivo, no está tomando decisiones siguiendo un enfoque político que evidencie la participación de la base nacionalista en los procesos de desarrollo nacional. En lugar de propiciar la inclusión de mandos nacionalistas en posiciones estratégicas del engranaje institucional del poder ejecutivo, los cargos son asignados a funcionarios no nacionalistas que desconocen los propósitos políticos que tiene el presidente. Dando pie a una manifiesta polarización y al ataque político que desacredita la ejecutoria del gobierno, evidenciándose baja capacidad del Estado para ejecutar políticas públicas de largo plazo que generen empleo y mejoren la productividad.

Desde la perspectiva sociológica, se ve un desarrollo que denota instituciones incapaces de corregir y ejecutar cambios. Estamos observando una sociedad poco exitosa, cuyo Estado, es dirigido por un liderazgo con bajo talento para privilegiar el desarrollo integral y favorecer el prestigio de la gobernanza que ha instaurado el presidente. En otras palabras, el desafío del gobierno de integración nacionalista consiste en reemplazar la confrontación política por una cultura de gestión pública basada en resultados. Nuestro desarrollo no depende de una repartición de cargos con el fin de satisfacer intereses políticos partidistas ajenos al enfoque de gobernanza que tiene el gobierno, sino adoptar políticas fundamentadas con conocimiento, transparencia y respeto a las instituciones democráticas.

En conclusión, es un error permitir que la arrogancia y el sectarismo político de algunos funcionarios obstaculicen el desarrollo nacional. El gobierno nacionalista, tiene que corregir errores, eliminar funcionarios ineficaces y difundir una narrativa política democrática que fomente la confianza ciudadana, la eficacia institucional y el progreso del desarrollo económico y social.

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