Por: Marcio Sierra
Lograr el mejoramiento económico y social de las familias pobres de Honduras es posible solo si generamos masivamente empleos y dejamos de lado las promesas o los discursos demagógicos de coyuntura política. El principal objetivo estratégico de la gobernanza democrática, es ejecutar procesos que den empleos, porque detrás de cada empleo existe una familia que anhela certidumbre, estabilidad y esperanza. La nueva gobernanza democrática enfrenta uno de los mayores retos socioeconómicos de la historia hondureña contemporánea. Hay que transformar la economía atrasada y dependiente que tenemos en un sistema productivo capaz de generar oportunidades sostenibles para cientos de miles de jóvenes que, cada año, ingresan al mercado laboral sin encontrar opciones reales de desarrollo. Enfrentamos barreras en el desarrollo nacional que se hacen visibles durante décadas, en la migración masiva, el crecimiento de la economía informal y el debilitamiento del tejido social.
Al observar las experiencias de desarrollo en otros países podemos ver que, en ninguno de ellos, se ha reducido la pobreza sin crecimiento económico sostenido y sin inversión productiva. Es por esa razón, que la primera gran tarea nacional del gobierno actual debe ser recuperar la confianza para atraer inversión privada, tanto nacional como extranjera. Los del Partido Libre lo saben y, por eso procuran desestabilizar la gobernanza democrática que se ha instaurado, denunciando con incidía la inseguridad jurídica y la inexistencia de reglas claras, con el propósito de hacer difícil o evitar la llegada de nuevos capitales que hagan posible abrir fábricas, expandir industrias o generar plazas laborales.
Nuestras ventajas geográficas y los recursos con que contamos están subutilizados. Los sectores como la agroindustria, el turismo, la construcción, las energías renovables y los servicios tecnológicos tienen la capacidad potencial para absorber miles de trabajadores aplicando una estrategia coherente de desarrollo económico. El caso de la agroindustria resulta singularmente importante. Nuestro país no puede seguir dependiendo únicamente de la exportación de materias primas sin valor agregado. Tenemos que industrializar los productos agrícolas, fortalecer la producción alimentaria, modernizar las cadenas agrícolas y desarrollar sistemas de exportación que generen empleo rural y dinamicen las economías locales. En otras palabras, nuestro crecimiento económico solamente podrá ser sostenible si el sistema educativo está conectado con las necesidades reales del mercado laboral. En Honduras, tenemos que revolucionar la formación técnica y tecnológica orientada hacia la productividad. Miles de jóvenes egresan cada año sin una preparación adecuada para competir en un mundo digitalizado. Las instituciones como el INFOP hay que convertirlas en centros modernos de capacitación industrial, tecnológica y empresarial. Las MIPYMES se deben atender y ayudarles a superar los enormes obstáculos que enfrentan, tales como: falta de financiamiento, la excesiva burocracia estatal, los altos costos operativos y la inseguridad económica. Se les debe facilitar créditos, simplificarles los tramites y estimular la formalización empresarial para que dinamicen el empleo interno.
Se debe combatir la expansiva informalidad. Muchos hondureños sobreviven diariamente en actividades económicas precarias sin acceso a seguridad social ni estabilidad laboral. Se tienen que construir condiciones atractivas que hagan viable la formalización productiva. No podemos tampoco dejar de apostarle a la economía digital y al emprendimiento juvenil. Hoy por hoy, en la economía global se dan muchas oportunidades que dos décadas antes, no eran posible pensarlas. La programación, los servicios remotos, el comercio electrónico y las plataformas digitales, son alternativas laborales para miles de jóvenes hondureños si se crear las condiciones para darles acceso adecuado a internet, capacitación y apoyo emprendedor. Sin embargo, cualquier acción estratégica para hacer crecer la economía, depende definitivamente de la confianza nacional. Honduras no puede desarrollarse en medio de confrontaciones políticas permanentes, incertidumbre institucional o debilitamiento del Estado de derecho. El empleo no nace del conflicto; nace de la estabilidad, la inversión y la productividad.