Por: Roy Santos
He leído con respeto el artículo del pastor Mario Fumero. Aprecio su preocupación porque el nombre de Dios no sea utilizado de manera irresponsable. En ese punto coincidimos plenamente. Sin embargo, considero que sus afirmaciones sobre mi persona parten de una premisa que no comparto y que, desde mi perspectiva, algunas de sus conclusiones no reflejan todo el consejo de Dios revelado en las Escrituras.
1. Dios sí gobierna sobre la política y las naciones.
La política no fue creada por el hombre; el gobierno es una institución establecida por Dios para el orden de la sociedad.
La Biblia declara: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes…” (Daniel 2.21).
Y también: “El Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien Él quiere.” (Daniel 4.17).
Romanos 13.1 afirma: “No hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”
Si Dios establece autoridades, también puede hablar acerca de ellas.
2. Dios llamó y usó gobernantes, incluso gentiles.
El artículo afirma que Dios no interviene en la política de esa manera. Sin embargo, la Biblia presenta numerosos ejemplos.
Dios llamó a Ciro, rey de Persia, “mi pastor” y “mi ungido” (Isaías 44.28; 45.1), aun cuando Ciro ni siquiera pertenecía al pueblo de Israel.
Dios habló a Nabucodonosor mediante sueños e interpretación profética.
Dios levantó a Darío y a Artajerjes para favorecer la restauración de Jerusalén.
Estos eran gobernantes de naciones gentiles.
3. Los profetas sí hablaron a los gobernantes.
Los profetas no solamente denunciaban el pecado. También anunciaban lo que Dios haría con reyes y naciones. Dios me ha respaldado porque he dado la palabra que Él me ha entregado y he denunciado lo que no es agradable a Dios.
Se debe entender que Dios puso profetas para su nación Israel, pero también profetas para naciones gentiles.
Samuel ungió a Saúl y posteriormente a David. Natán confirmó el pacto davídico. Elías habló a Acab. Isaías habló a Ezequías. Jeremías habló continuamente a los reyes de Judá y anunció el ascenso de Babilonia. Daniel interpretó sueños relacionados con imperios mundiales. Jonás fue enviado a Nínive.
Por lo tanto, afirmar que “las profecías nunca se usaron para asuntos políticos” no corresponde al testimonio completo de la Escritura.
4. Servir en el gobierno no contradice el Reino de Dios.
• José fue gobernador de Egipto.
• Daniel fue uno de los principales administradores del imperio babilónico.
• Nehemías fue gobernador.
• Ester ejerció influencia desde el palacio real.
• Mardoqueo llegó a ocupar el segundo lugar del imperio persa.
Ninguno de ellos fue reprendido por servir al Estado. Al contrario, Dios los colocó allí para preservar vidas y cumplir Sus propósitos.
5. “Mi reino no es de este mundo” no significa abandonar la sociedad.
Cuando Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18.36), no estaba enseñando que los creyentes debían abandonar toda participación en la vida pública. El Señor estaba afirmando que el origen y la autoridad de Su Reino son celestiales. Los primeros cristianos influyeron profundamente en la sociedad romana sin dejar de proclamar el evangelio.
6. La Iglesia no debe convertirse en un partido político.
En esto sí estoy en total acuerdo.
La Iglesia pertenece únicamente a Jesucristo. Ningún partido puede apropiarse del evangelio. Ningún candidato sustituye a Cristo. Ningún pastor debe manipular la fe para obtener beneficios políticos.
Pero eso es diferente de afirmar que Dios no pueda llamar a creyentes para servir en la esfera pública o hablar acerca del destino de una nación.
7. Mi convicción.
Mi participación en asuntos nacionales no nace de intereses personales ni de la búsqueda de posiciones. Cumplo un llamado específico, como se dio en siervos de Dios en la Biblia con gobernantes de gobiernos en naciones gentiles.
Creo que Dios sigue teniendo propósitos para las naciones y continúa levantando hombres y mujeres que influyan en todas las esferas de la sociedad, incluyendo el gobierno.
El pastor Fumero bien dice citando la palabra “por sus frutos los conoceréis”. La palabra profética que mi Señor me ha entregado para el país y gobiernos toda se ha cumplido. Si alguna palabra profética he compartido, siempre debe ser examinada conforme a las Escrituras, porque la Biblia es la autoridad suprema. Cuando es Dios quien habla se cumple tal palabra.
Mi deseo nunca ha sido exaltar partidos políticos, sino anunciar que Jesucristo sigue siendo el Señor de Honduras y de todas las naciones. Y cuando el Señor me reveló Mateo 25.31-33 que la redención es también para las naciones, es por lo que trabajo con más fuerza, para que en aquel día cuando él venga a gobernar por mil años, Honduras aparezca como nación oveja. El que tenga oídos, que oiga.
El Reino de Dios está por encima de cualquier ideología. Precisamente por eso, los creyentes no deben abandonar los espacios donde se toman decisiones que afectan a millones de personas.
El pastor Fumero también cita 2 Timoteo 2:4 (“ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida”). En su contexto, ese pasaje no está hablando de prohibir la participación de los creyentes en el gobierno o en la política, sino de exhortar al siervo de Dios a mantener su fidelidad y no distraerse de su misión. Dice “no se enrede”, no dice “no se meta”; que si alguien entra no debe enredarse. Usarlo como una prohibición general contra toda participación en la vida pública es una interpretación discutida por muchos estudiosos.
Asimismo, Mateo 22.21 (“Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”) no enseña que Dios sea ajeno a la política; más bien distingue las responsabilidades civiles y las responsabilidades hacia Dios, sin separar la soberanía de Dios sobre las naciones. Jesús reconoció la existencia de la autoridad civil, pero nunca negó que Dios fuera el soberano sobre ella.
No suelo responder a quienes me cuestionan en redes sociales. Sin embargo, en esta ocasión lo hago porque las afirmaciones publicadas no solo hacen referencia a mi persona, sino que plantean una interpretación bíblica sobre un tema que considero importante aclarar. Mi intención no es polemizar, sino exponer, con respeto y fundamento en las Escrituras, porque sostengo mis convicciones, y aquí lo dejo claro.
Solo cumplo un llamado, y no espero quedar bien con los hombres, porque entonces dejaría de ser siervo de Dios.
Mi oración es que este tema no nos divida, sino que nos impulse a buscar juntos la voluntad de Dios para Honduras, recordando que el Reino de Dios está por encima de toda ideología y que nuestra mayor responsabilidad es glorificar a Cristo en cualquier esfera donde Él nos llame a servir.