La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que el fenómeno de El Niño se intensificará durante los próximos meses y podría alcanzar una intensidad considerada muy fuerte, con efectos importantes sobre las temperaturas y los patrones de lluvia a escala mundial. La agencia de Naciones Unidas señaló además que existe una probabilidad cercana al 100 % de que las condiciones de El Niño persistan hasta febrero de 2027.
Según la OMM, el fenómeno alcanzaría su máxima intensidad hacia finales de 2026, aunque sus efectos sobre el clima podrían prolongarse durante buena parte de 2027. El Niño se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, un cambio que puede modificar los patrones de viento, presión atmosférica y precipitaciones en distintas regiones del planeta.
La advertencia adquiere especial relevancia para América Latina, donde varios países ya han comenzado a enfrentar consecuencias asociadas al fenómeno. Panamá y El Salvador han declarado emergencias para hacer frente a sus impactos, mientras Ecuador mantiene una alerta roja debido a la intensificación de las condiciones meteorológicas.
La OMM explicó que cada episodio de El Niño presenta características diferentes, pero los eventos de mayor intensidad suelen estar relacionados con alteraciones importantes en las precipitaciones. Algunas regiones pueden experimentar períodos prolongados de sequía, mientras otras enfrentan lluvias intensas, inundaciones y otros fenómenos extremos.
Temperaturas seguirán por encima de lo normal
La agencia climática de Naciones Unidas también proyecta temperaturas superiores a los valores habituales durante los próximos meses. Para el período comprendido entre septiembre y noviembre, los pronósticos apuntan a una mayor probabilidad de temperaturas por encima de lo normal en prácticamente todas las zonas terrestres.
El calentamiento del océano Pacífico ya muestra señales de una intensificación considerable. Las anomalías de temperatura de la superficie marina en la zona ecuatorial centro-oriental pasaron de un promedio de 1.5 grados Celsius por encima de lo normal entre mayo y julio, a valores semanales de aproximadamente 2.2 a 2.6 grados durante finales de julio y mediados de agosto.
Las autoridades meteorológicas también reportaron temperaturas extraordinariamente elevadas debajo de la superficie del océano. En algunas zonas del Pacífico ecuatorial, las temperaturas subsuperficiales llegaron a superar en más de 8 grados Celsius los valores promedio durante julio y principios de agosto.
Estos indicadores son considerados señales de que el fenómeno continúa fortaleciéndose y podría generar impactos más amplios durante los próximos meses.
Riesgo de sequías, inundaciones y calor extremo
La OMM alertó que la intensificación de El Niño puede aumentar el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos, entre ellos sequías prolongadas, inundaciones y episodios de calor extremo.
En América Latina, las consecuencias pueden variar significativamente dependiendo de la región. Mientras algunos territorios pueden recibir menos precipitaciones de lo habitual, otros pueden experimentar lluvias intensas capaces de provocar inundaciones y deslizamientos.
El fenómeno también puede afectar la producción agrícola, los recursos hídricos, la generación de energía y los sistemas de salud, debido a los cambios en las temperaturas y en la disponibilidad de agua.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el episodio actual podría convertirse en uno de los más intensos observados desde que comenzó el monitoreo moderno del fenómeno hace aproximadamente cuatro décadas.
La funcionaria instó a los gobiernos y a los sectores más vulnerables a tomar medidas preventivas antes de que los impactos alcancen su máxima intensidad.
Honduras ante un escenario de preocupación
Para Honduras, la evolución de El Niño representa un factor que debe ser seguido de cerca debido a su posible impacto sobre las lluvias, los recursos hídricos y las actividades agrícolas.
La situación resulta especialmente sensible en el Distrito Central, que actualmente enfrenta una crisis de abastecimiento de agua debido a los bajos niveles de los principales embalses que suministran agua potable a Tegucigalpa y Comayagüela.
Los niveles registrados en las represas Los Laureles y La Concepción han obligado a las autoridades a mantener medidas de racionamiento y a buscar alternativas para garantizar el suministro a la población. En este contexto, cualquier alteración de los patrones de lluvia podría tener consecuencias directas sobre la recuperación de las reservas.
Aunque la llegada de lluvias puede representar un alivio temporal para la capital, los expertos han señalado que no basta con precipitaciones aisladas. Para recuperar los embalses se requieren lluvias suficientes y constantes en las zonas de las cuencas que alimentan las represas.
La evolución de El Niño durante los próximos meses será, por tanto, un factor determinante para el comportamiento del clima hondureño y para la disponibilidad de agua en distintas regiones del país.
El cambio climático puede agravar sus efectos
La OMM aclaró que El Niño no es provocado por el cambio climático, ya que se trata de un fenómeno natural que ocurre periódicamente. Sin embargo, el calentamiento global puede hacer que sus efectos se desarrollen sobre un planeta que ya registra temperaturas más elevadas.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que el calentamiento de los océanos y las temperaturas globales están llevando al planeta hacia un escenario de mayor riesgo climático.
El Niño suele presentarse cada dos a siete años y normalmente tiene una duración de entre nueve y 12 meses. Sin embargo, sus efectos pueden extenderse más allá de su fase activa debido a la manera en que el calor almacenado en los océanos interactúa posteriormente con la atmósfera.
La OMM considera que el actual episodio requiere preparación anticipada, especialmente en sectores como agricultura, agua, energía, salud y gestión de emergencias.
Con la previsión de que El Niño continúe fortaleciéndose y permanezca activo hasta febrero de 2027, los próximos meses serán claves para determinar la magnitud de sus efectos. Para países como Honduras, donde algunas zonas ya enfrentan problemas de disponibilidad de agua, el comportamiento de las lluvias y las temperaturas será determinante para evitar que la situación se agrave.