El ingeniero René Alfredo Soto advierte sobre la densa bruma o humo que cubre el país, señalando que su origen principal radica en la quema de áreas de vocación forestal para preparar suelos agrícolas, una práctica que continúa afectando la salud de la población y el equilibrio ambiental.
Según el especialista, estas acciones generan altos niveles de contaminación del aire debido a la liberación de gases peligrosos, agravados por la tala indiscriminada de bosques, lo que reduce la producción de oxígeno y contribuye a fenómenos como sequías, enfermedades respiratorias, aumento del calor y derrumbes en temporada de lluvias.
A esta problemática se suma la quema de desechos domésticos, que libera sustancias tóxicas como dióxido de carbono, metano, monóxido de carbono, dioxinas, furanos y compuestos orgánicos volátiles, altamente dañinos tanto para la salud humana como para el medio ambiente.
El ingeniero también señala que la eliminación de áreas verdes en las ciudades intensifica el llamado “efecto cemento”, que impide la filtración del agua, provoca inundaciones y aumenta el riesgo de deslizamientos, evidenciando la falta de planificación urbana sostenible.
Además del impacto ambiental directo, estas prácticas destruyen hábitats naturales y afectan la biodiversidad, poniendo en riesgo a diversas especies y deteriorando la belleza escénica del país, lo que también tiene implicaciones sociales y económicas.
Frente a este panorama, Soto propone fortalecer la asistencia técnica en el sector agrícola, promover la educación ambiental desde las aulas, impulsar la reforestación y garantizar espacios verdes adecuados por habitante, como medidas clave para revertir la situación.
Finalmente, hace un llamado a la población a reflexionar y actuar en defensa de sus derechos ambientales, advirtiendo que de no cambiar las prácticas actuales, el país continuará enfrentando altos niveles de contaminación y deterioro ambiental que comprometen el bienestar de las futuras generaciones.